Atajos mentales en la era de las distracciones: cómo nos influencian
Hace un tiempo vi un video de Andrés Bilbao, cofundador de
Rappi, donde recomendaba leer el libro “Influencia, la psicología de la
persuasión” del psicólogo Robert B. Cialdini. Me llamó la atención y lo leí. La
verdad, sí está muy cargado hacia el tema de ventas, pero igual rescato mucho
el análisis de las tácticas para influir en las personas, sea a quienes tenemos
cerca o de manera masiva y sobre los profesionales en el arte de la persuasión
(suena estilo película Los ilusionistas).
Me queda muy claro (cosa que creo que por lo general
intuimos) que somos muy fáciles de influenciar, es solo cuestión de implementar
algunas tácticas, muchas veces tan sutiles y sencillas que dan rabia, como la
reciprocidad, las asociaciones positivas (o negativas), la semejanza (nos
parecen simpáticas las personas que son como nosotros), los elogios, la escasez
(cuando hay poco de algo lo queremos) y la tendencia a considerar adecuada una
acción cuando otros la realizan.
Y aquí comienza lo que me pareció más valioso. Cialdini plantea
que “en general cometemos menos errores al actuar de acuerdo con evidencia
social que al hacerlo de forma contraria a ella”, es decir que cuando mucha gente hace algo creemos que eso
es lo que se debe hacer. Aquí nada novedoso aún, pero lo que me llamó la
atención es que más que identificarnos con lo que hace toda esa gente o sentir
un llamado especial (si es algo espiritual) o una convicción (si es algo
ideológico o político) lo que puede estar pasando es que esta técnica de
influencia nos “proporciona un cómodo atajo para determinar el modo de
comportarnos”.
Y si esto
lo unimos a lo que nos sucede a diario, en donde tenemos tantos estímulos que
llaman nuestra atención y que nos distraen, nos convertimos en presas fáciles
de persuasión y empezamos a reaccionar a la aprobación social de una forma tan
mecánica e irreflexiva que pueden terminar engañándonos mediante pruebas
parciales o falsas.
Al respecto,
el psicólogo español Tomás Navarro dijo en el podcast de BBVA Aprendemos
Juntos, que estamos viviendo una “pandemia de comodidad” y dio ejemplos como
que ya no andamos, vamos en patineta, y que ya no queremos leer un libro, sino
que nos hagan un video corto.
Siendo que la
tecnología y el acceso a la información no paran de crecer y que el
conocimiento se expande, hemos tenido que adaptarnos y sobre todo ajustar cómo
tomamos nuestras decisiones. Tomamos de esos atajos de los que habla Cialdini y evitamos ponderar cada
circunstancia. El ritmo acelerado del día a día no nos permite generar las
condiciones más adecuadas para analizar las opciones y ver las ventajas y
desventajas de la opción que tomamos, viéndonos obligados a decidir sobre la
base de un solo elemento de la información que creemos fiable.
Desde el
análisis, Navarro señala que al no tener prioridades, no tomamos buenas
decisiones. A veces quisiéramos calma, pero no lo ponemos dentro de nuestras
prioridades y eso hace que por el atajo mental vivamos de las prioridades de
otros. Y como dice Navarro: “a veces las no decisiones, las decisiones que no
tomamos, tienen más impacto que las que tomamos”.
Y es muy
entendible que la sobrecarga cognitiva y los estímulos en nuestra sociedad, incrementen
la frecuencia de los atajos para tomar una decisión.
¿No les
pasa que a veces sienten el cerebro cansado y lo único que quisieran es apagar
todo lo que sucede alrededor? Esa es la sobrecarga cognitiva que vivimos
hoy, es decir, cuando la información y las demandas que recibimos superan la
capacidad momentánea de nuestra memoria de trabajo, de modo que no podemos
procesar, entender o recordar bien lo que estamos haciendo.
Una herramienta sencilla que plantea Tomás Navarro para
poder hacer foco y concentrarnos para ser más productivos, es estar en lo que
debemos estar. Señaló que según los últimos estudios el multitasking es
imposible, así que tenemos que ir haciendo una gestión óptima del tiempo y las
tareas para lograr más efectividad. Navarro recomienda facilitar el entorno,
eliminar distracciones, vaciar la mente y trabajar o estudiar de manera activa
con una sola cosa a la vez. Poner tanto el teléfono como la mente en modo avión
para que los estímulos externos que no aportan no molesten y algo que me parece
muy importante: aceptar que necesitamos vivir con más calma, ajustar nuestras
expectativas y calibrar nuestras emociones.
Ser conscientes
de esos atajos que estamos tomando nos puede ayudar a tomar mejores decisiones,
o por lo menos a hacer una pausa, respirar y pensar si lo que estamos haciendo
nos permite poner la atención en lo que realmente queremos. Que no se nos pase
la vida con distracciones y atajos; disfrutemos un café sin el celular, la
lectura de un libro sin notificaciones o una ducha sin pensar en todo lo que se
debe hacer en el día.
Nuestras decisiones
pequeñas y grandes finalmente son las que construyen nuestra vida; no dejemos
que sean otros las que las tomen por nosotros.
Me encantaría
saber qué tipos de atajos mentales han identificado y cómo disminuyen su sobrecarga
de estímulos.
¡Un abrazo
y como siempre gracias por leerme, comentar y compartir!

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