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La insoportable necesidad de hacer listas

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Cada noche antes de dormir trato de ordenar lo que haré al día siguiente. Por lo general cambia, pero he intentado hasta hacer una lista de cosas por hacer hora tras hora que incluye aspectos como "hacer el desayuno", "leer", "trabajar", "descansar", "ordenar" entre otras muchas. A veces me ayuda y otras tantas me produce más estrés porque no logro cumplir todo.  Las listas nos ayudan a ordenarnos, a clasificar y también a sentir algún grado de control sobre nuestras vidas. Por lo general tendemos a clasificar lo que no nos gusta y lo que sí, con quienes queremos estar y con quienes no, hacemos listas de libros leídos y libros por leer, qué necesitamos del supermercado, países visitados y viajes soñados, y hasta hacemos cada fin de año una lista de propósitos para el siguiente que perdemos en el cajón de los deseos más rápido que una tarjeta de presentación que nos entregan en un evento.      Irene Vallejo en "El infinito en un...

En todas partes y en ninguna

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Hace unas semanas me recomendaron el libro "Los errantes" de Olga Tokarczuk, nunca había leído nada de ella y me llamó mucho la atención porque habla del constante movimiento desde sus personajes y de la vida misma: "A fin de cuentas es bien sabido que la verdadera vida no es otra cosa que movimiento". Pero especialmente al leer el capítulo que se titula como esta entrada "En todas partes y en ninguna" encontré una reflexión que me encantó, le dio un sentido y una explicación a algo que siempre he sentido.  En el capítulo hay dos mujeres esperando un autobús y una de ellas dice que "los pueblos sedentarios, agrarios, prefieren los placeres del tiempo circular en que todo suceso vuelve necesariamente al inicio, un retorno en bucle al embrión (...) En cambio, los nómadas, los mercaderes, al emprender el viaje, se vieron obligados a inventar otro tipo de tiempo, más acorde con el hecho de viajar. Es un tiempo lineal, más útil, porque permite medir el pro...

El tiempo: testigo de nuestra historia y sus cicatrices

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Hace meses quería escribir sobre las cicatrices del cuerpo y del alma. Era un tema recurrente en el que pensaba, pero no había tenido claro cómo abordarlo hasta que leyendo “El infinito en un junco” Irene Vallejo encontré este maravilloso párrafo: “Nuestra piel es una gran página en blanco; el cuerpo, un libro. El tiempo va escribiendo poco a poco su historia en las caras, en los brazos, en los vientres, en los sexos, en las piernas. Recién llegados al mundo, nos imprimen en la tripa una gran “O”, el ombligo. Después van apareciendo otras letras. Las líneas de la mano. Las pecas, como puntos y aparte. Las tachaduras que dejan los médicos cuando abren la carne y luego la cosen. Con el paso de los años, las cicatrices, las arrugas, las manchas y las ramificaciones varicosas trazan las sílabas que relatan una vida.” Al leerlo pensé que no solamente debía hablar de las cicatrices, sino de lo que va quedando escrito en nuestro cuerpo. Cómo el paso de los años va dejando una colección de c...

Los abismos de Pilar Quintana son también nuestros abismos

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  Nací en Cali y parte de mi infancia y adolescencia las pasé ahí en la misma ciudad en la que se desarrolla Los abismos de Pilar Quintana. El libro me llevó de la mano de Claudia y su papá a recorrerla nuevamente, a recorrer el borde del río y visitar el zoológico y su mariposario. A almorzar nuevamente en el Cali Viejo patacones e ir a visitar la estatua de Belalcázar. También fui con ella y su mamá de comprar a Zas, a comer helado, chontaduro, mango biche y grosellas. Sentí el calor de la ciudad y lo fresco de la selva en la casa, cuando era niña mi mamá también tenía plantas dentro de la casa.  Después de recorrer con Claudia la ciudad llegaron los miedos de la infancia, y recordé los míos y esa fragilidad con la que la vida nos ponía las pruebas cuando él mundo se divide en la dualidad de la inocencia y el despertar a la realidad. Esa etapa en la que los adultos creen que no entendemos, pero entendemos más de lo que creen y callamos, pero los miedos se nos van qued...

¿La buena suerte existe o es pura coincidencia?

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¿Ustedes creen que existe la buena suerte o más bien son de esas personas que piensan que los momentos que nos sorprenden de manera positiva son solo coincidencias?  La verdad no creo que sea lo uno o lo otro, sino que es una cuestión de perspectiva. Cuando ponemos nuestra vida, nuestras decisiones, acciones y acontecimientos desde un ángulo positivo podemos sentir que la buena suerte nos acompaña, en cambio sí lo vemos desde un ángulo más negativo podemos sentir que todo lo que nos pasa es una serie de eventos desafortunados. Una de las acepciones que tiene la RAE para la palabra suerte es: " aquello que ocurre o puede ocurrir para bien o para mal de personas o cosas".  Lo cual es tan ambiguo como pensar que se tiene o no buena suerte. Investigado sobre lo que llamamos buena suerte me topé con Richard Wiseman y su investigación donde identifica las cualidades que definen a las personas afortunadas o con buena suerte. Algunas son: son personas que ...

Al 2020 le agradezco por ...

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Es extraño titular esta entrada "Al 2020 le agradezco por … " Como sabemos ha sido el año  MÁS  extraño que nos ha tocado vivir de una manera generalizada a nivel mundial. Escuelas cerras, empleos perdidos, planes trucados, encierro y un virus al acecho que no vemos pero que nos puede matar. Pasamos de un diciembre 2019 lleno de planes como siempre, expectativas y hasta con un mapa de los sueños que se veía muy alentador, a una lista de cosas por hacer cuando "todo esto termine". Y el cuándo todo esto termine se fue extendiendo de una forma que nunca creímos real, una que ni pasa en películas como Contagio en donde la historia es similar, pero se arregla mucho más rápido. (Si, aunque no quería terminé viendo la película). Sin embargo, algo que intenté hacer todas las noches desde marzo es agradecer por lo bueno de cada día. Fueran cosas pequeñas como lograr cocinarles a mis hijos o algo grande como encontrar trabajo en una época de crisis. Tratar de ver lo mejor d...

Mujeres migrantes: ocho mujeres a las que las fronteras no las han detenido

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El 2020 ha sido un año extraño por todas las razones que sabemos, pero también personalmente ha sido un año de búsqueda y de profundas reflexiones. Hasta hace poco el discurso de género se me hacía ajeno y no creía necesario identificarme como migrante, es más esa palabra “migrante” no me gusta me parece brusca. Nunca he sufrido discriminación por ser mujer o por ser colombiana, aunque la verdad en Chile es más evidente la segregación social por género, pero eso podrá ser otro artículo. Sentía que era un discurso lejano. La tolerancia y el respeto siempre me han acompañado y en mi casa nunca existieron tareas del hogar para las mujeres y otras para los hombres. Mi mamá arreglaba las cosas que se dañaban y mi papá era quien se preocupaba cuando salíamos a fiestas. Para mí siempre había sido más que una cuestión de género o de origen una de saber aprovechar las oportunidades. Hoy lamentablemente creo que no es tan así. A comienzos de año conocí a un maravilloso grupo de mujeres en ...