Lo que me sorprendió este año
¡Este año fue un gran año! Vi personas que quiero y hacía
rato no veía, entre el ajetreo del día a día me di tiempo de leer mucho (40
libros entre físicos, digitales, largos, cortos, audiolibros) mi truco es leer
varios a la vez así no me queda espacio de aburrirme con ninguno y mezclo
géneros, temáticas y extensión. También me he regalado tiempo para meditar
(menos del que quisiera aún me cuesta), para hacer ejercicio y pasar tiempo con mis
hijos, esposo y amigos. Me queda pendiente tiempo para escribir más por acá y
otros proyectos que tengo en carpeta (por cierto, busco editor/editorial).
Viajé un montón tanto de trabajo como en familia (aunque
claro siempre faltan más en familia), estuve en maravillosos lugares: París y
Versalles en Francia, Buenos Aires y Mendoza en Argentina, Montevideo en
Uruguay, Brasilia y Río de Janeiro en Brasil, Bogotá y Cartagena en Colombia,
Santa Cruz de la Sierra en Bolivia y algunos nuevos lugares en Chile como Iquique, Horcón y Puchuncanvi. Cada ciudad tiene su particular encanto
cada rincón de París parece salida de una película, es más muchos rincones son
muy familiares gracias a las películas y las postales de siempre, lo mejor fue
poderla recorrer con grandes amigas, haber caminado con Carlitos, que vive hace
muchos años allá, por muchos rincones (incluidos los de Emily en París) y lo
más increíble haberme encontrado con un amigo de juventud, el querido Gil, en
una tienda a la salida del Louvre y sentir un abrazo tan sincero que llega a
los huesos. La corta visita a Versalles y a los jardines de su palacio me
transportó completamente a la época de grandes bailes, vestidos de faldas
enormes y carruajes.
Argentina y su peculiar magia cultural de teatros, bares,
restaurantes y sobre todo grandes librerías que no dejan que uno salga del país
sin unos cuantos kilos de más en la maleta (y en el cuerpo también, se come
delicioso) y muchas lecturas por delante. Descubrí en la librería El Ateneo a
Laura Alcoba una maravillosa escritora argentina que vive en Francia y que, en
la Trilogía de La casa de los conejos, cuenta su vida cuando niña en la
dictadura y después su exilio en París, cómo aprendió hablar francés y cómo es
vivir como migrante en una ciudad tan compleja.
El viaje en auto de Santiago a Mendoza es muy recomendable,
cruzar la cordillera es alucinante. Nos tocó una época en la que aún quedaba
nieve en la montaña y delineaba suavemente cada ir y venir de la silueta
montañosa. El Puente del Inca, Potrerillos, Portillo, las librerías, los
alfajores y las milanesas hacen del viaje una gran experiencia para hacer en
familia.
Los pocos días en Montevideo fueron suficientes para enamorarme
de la ciudad, la comida maravillosa, su gente muy, muy querida, era invierno e
igual su mar me cautivó, recorrer el malecón con un fuerte viento que me llegó
a arrastrar unos centímetros fue toda una experiencia, me faltó solamente el
mate bajo el brazo para confundirme con los montevideanos. Quiero volver para
explorarla un poco más, así como a sus alrededores. Con el poco tiempo allí
recomiendo ir a conocer el Palacio Salvo, para ver toda la ciudad desde la
parte más alta, visitar el pequeño Museo del Tango (en el que se aprende mucho
si como yo saben poco del tema), visitar la librería Más puro Verso, recorrer
las calles del centro (hermosas casas y plazas) y comer en el Mercado del
Puerto.
De Brasil qué puedo decir, que contrastes tan fuertes.
Brasilia como dice mi hijo menor es una ciudad retrofuturista que para nada es
el Brasil que tiene uno en mente, me sentí en la película "El
dormilón" de Woody Allen. Impresionan los edificios diseñados por el
visionario Oscar Neimeyer y su visión de lo que debería ser una urbe moderna,
mucho blanco, curvas en grandes edificios y avenidas enormes sin un café
cercano para hacer una pausa.
La ciudad de Río de Janeiro que conocí es de contrastes muy
fuertes, muchos indigentes que se resguardan en las noches en las entradas de
hoteles y edificios gubernamentales, ratas en las calles cercanas a la mítica
playa de Copacabana, y muchos turistas de fiesta que poco les importa esas
alertas sociales que se ven cuando uno está en otro plan. Obvio no todo es
malo, hay cosas preciosas como la vista desde Pan de azúcar, vale la pena
tomarse un buen tiempo para recorrerlo y admirar la vista (esquivando
turistas). Y de lejos lo mejor (por lo menos para mí) fue conocer el Real
Gabinete Portugués de lectura, una de las bibliotecas más lindas del mundo
escondida en el centro de Río. Definitivamente es uno de esos lugares que al
entrar te quitan un poco el aliento.
Otro descubrimiento del año fue Santa Cruz de la Sierra en
Bolivia. Primero uno tiene el imaginario que en Bolivia todo es en las alturas
y no es así, Santa Cruz es una ciudad calurosa y húmeda, un clima similar al de
Cartagena, pero sin mar. Se come muy rico y su gente es muy amable, es una
ciudad moderna y con un centro histórico por recorrer. La zona más moderna
tiene grandes edificios y zonas de restaurantes que nada tienen que envidiarles
a grandes ciudades.
Sobre Colombia y Chile en esta ocasión no hablaré, de
Colombia soy y amo siempre ir a reencontrarme con la tierrita, la familia y
amigos. Y en Chile vivo hace muchos años y aun me sorprende la diversidad de
sus paisajes. Les contaré más sobre estos dos países en otra ocasión, porque ya
se hizo muy extenso esta entrada. Solo me queda agradecer por estos 12 meses que me dejan tantos recuerdos, postales y personas maravillosas, quería compartirles un poco de este año que
termina y comprometerme a retomar nuevamente este blog que me encanta para expresar
y contarles un poco de cómo veo el mundo y su gente. Y a ustedes, ¿qué los
sorprendió este año que termina?
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